No me preguntes cómo estoy...
no quiero mentirte, y
no te va a gustar la verdad.
miércoles, 30 de junio de 2010
sábado, 26 de junio de 2010
Fondo
Con luna llena en el horizonte de mis ojos,
una luz blanquecina con una niebla bajan hasta ocultar
aquello que por sí sólo ya se escubulle entre las sombras de la noche.
Daré con su aroma, y volveré con su vida.
Porque ya no es tiempo de soñar, sino de hacer,
no es hora de llorar, sino hacer que ocurra
un error no quita la valentía, o bien,
la grotesca estupidez del deseo.
Obliterada por una respiración constante,
resiste los últimos latidos.
La luna está hermosa, aún más hermosa,
pues acompañada se siente.
Comprende...
Poder volar, ya no es sólo cosa de aves.
una luz blanquecina con una niebla bajan hasta ocultar
aquello que por sí sólo ya se escubulle entre las sombras de la noche.
Daré con su aroma, y volveré con su vida.
Porque ya no es tiempo de soñar, sino de hacer,
no es hora de llorar, sino hacer que ocurra
un error no quita la valentía, o bien,
la grotesca estupidez del deseo.
Obliterada por una respiración constante,
resiste los últimos latidos.
La luna está hermosa, aún más hermosa,
pues acompañada se siente.
Comprende...
Poder volar, ya no es sólo cosa de aves.
jueves, 24 de junio de 2010
Yo te digo
Déjame volar al interior de tus ojos.
quiro gritar dentro de tí,
a ver si mi sonido rebota en tu alma.
Veremos ahora quién ríe al último.
Si me creiste compasiva,
lo lamento
te equivocaste.
quiro gritar dentro de tí,
a ver si mi sonido rebota en tu alma.
Veremos ahora quién ríe al último.
Si me creiste compasiva,
lo lamento
te equivocaste.
viernes, 18 de junio de 2010
Adiós...
Dije un día que buscaría una canción para tí... la he encontrado.
Me despido de antemano ya que sé a la perfección las consecuencias de la situación. Sólo lamento no haberlo dicho en persona.
Me muero por suplicarte, que no te vayas mi vida,
me muero por escucharte, decir las cosas que nunca digas,
mas me callo y te marchas, mantengo la esperanza
de ser capaz algún día, de no esconder la heridas que me duelen al pensar
que te voy queriendo cada día un poco mas.
cuanto tiempo vamos a esperar?
Me muero por abrazarte, y que me abraces tan fuerte,
me muero por divertirte, y que me beses cuando despierte,
acomodado en tu pecho, hasta que el sol aparezca,
me voy perdiendo en tu aroma, me voy perdiendo en tus labios que se acercan
susurrando palabras que llegan a este pobre corazón.
voy sintiendo el fuego en mi interior.
Me muero por conocerte, saber que es lo que piensas, abrir todas tus
puertas,
y vencer esas tormentas que nos quieran abatir.
Centrar en tus ojos mi mirada, cantar contigo al alba,
besarnos hasta desgastarnos nuestros labios.
Y ver en tu rostro cada día, crecer esa semilla, crear, soñar,
dejar todo surgir, aparcando el miedo a sufrir
Me muero por explicarte, lo que pasa por mi mente,
me muero por intrigarte, y seguir siendo capaz de sorprenderte,
sentir cada día ese flechazo al verte.
¿Que mas dará lo que digan? ¿Qué mas dará lo que piensen?
Si estoy loca es cosa mía. Y ahora vuelvo a mirar,
el mundo a mi favor, vuelvo a ver brillar la luz del sol.
Alex Ubago y Amaya Montero, " Sin miedo a nada"
Me despido de antemano ya que sé a la perfección las consecuencias de la situación. Sólo lamento no haberlo dicho en persona.
Me muero por suplicarte, que no te vayas mi vida,
me muero por escucharte, decir las cosas que nunca digas,
mas me callo y te marchas, mantengo la esperanza
de ser capaz algún día, de no esconder la heridas que me duelen al pensar
que te voy queriendo cada día un poco mas.
cuanto tiempo vamos a esperar?
Me muero por abrazarte, y que me abraces tan fuerte,
me muero por divertirte, y que me beses cuando despierte,
acomodado en tu pecho, hasta que el sol aparezca,
me voy perdiendo en tu aroma, me voy perdiendo en tus labios que se acercan
susurrando palabras que llegan a este pobre corazón.
voy sintiendo el fuego en mi interior.
Me muero por conocerte, saber que es lo que piensas, abrir todas tus
puertas,
y vencer esas tormentas que nos quieran abatir.
Centrar en tus ojos mi mirada, cantar contigo al alba,
besarnos hasta desgastarnos nuestros labios.
Y ver en tu rostro cada día, crecer esa semilla, crear, soñar,
dejar todo surgir, aparcando el miedo a sufrir
Me muero por explicarte, lo que pasa por mi mente,
me muero por intrigarte, y seguir siendo capaz de sorprenderte,
sentir cada día ese flechazo al verte.
¿Que mas dará lo que digan? ¿Qué mas dará lo que piensen?
Si estoy loca es cosa mía. Y ahora vuelvo a mirar,
el mundo a mi favor, vuelvo a ver brillar la luz del sol.
Alex Ubago y Amaya Montero, " Sin miedo a nada"
martes, 15 de junio de 2010
Me sé indigna
Saberme indigna por pensar,
saberme débil por creer que un futuro detrás de la montaña hay.
Sentirme humana por amar, querer, desear y llorar.
Sentirme idiota por creer que eras para mí.
Así me siento, cegada por el manto de tus cálidos ojos.
miércoles, 9 de junio de 2010
Duelo
No somos dueños de nuestro destino, y en un error está quién lo cree; más no por ello estamos sometidos al yugo de un invisible control. Simplemente que con querer, desgraciadamente muchas veces, no basta.No basta, no por la ineptitud de nuestras manos, si no por la carencia de nuestra alma, la pequeñez de nuestro propio ser. Comparándonos con lo que no somos, intentamos metas imposibles. No planteo que la felicidad sea una quimeridad impuesta por Disney, pero ¿mirémonos? ¿Qué vemos? NADA.
Vivimos en un duelo constante por la muerte de nuestros sueños, nuestros amores, nuestras risas. Al final del camino, solo nuestros recuerdos quedan. Eso, y nada más.
Cada noche vivida y soñada, cada ola muerta en la playa, cada amanecer que murió en tus ojos y en los míos, cada beso echado al olvido, servirá para un álbum frágil, ese que veré cuando tu a mi lado ya no estés. Por cobardía o por amor, eso ya nada importa ahora. El tiempo y la soledad se encargarán de las suturas.
Un duelo por lo que nunca fue, un duelo eterno, porque aún hay esperanzas.
Dedicado a la Malu
jueves, 3 de junio de 2010
Expreso de ida.

“Dice el gran maestro que no existen boletos de ida y vuelta, sino sólo de ida; si los tomas bien y si no… te quedas abajo.”
El expreso de esa mañana, iba vacío. A excepción del resto de los días en que iba colapsado de caras distintas con el paso de cada estación, ese día no había persona alguna.
Se subió, tomó el asiento como de costumbre junto a la ventana, acomodó sus cosas con el asiento contiguo y se quedó mirando al horizonte.
El cielo estaba gris, el sol habíase ido de vacaciones a París, y unas tímidas gotas rebeldes se aventuraban a la muerte. Las personas de la estación corrían para tomar el tren, pero nadie subía. Por lo menos, era lo que ella veía.
El vidrio de la ventana se empañaba con cada suspiro, su respiración continua dibujaba la historia de una vida lejana, que a ratos dejaba de pertenecerle.
¿Dónde iría?
Al otro lado del andén, un perro meneaba el rabo. Giraba sobre sí, saltaba, corría alrededor de los familiares de los viajeros, que a modo de despedida agitaban un pañuelo en el aire.
Marcharse. ¿A dónde?
Había pedido permiso en el trabajo para ausentarse un día o quizá dos. Cuando le pidieron el motivo, no supo qué contestar. No lo sabía.
No podía recordar su rostro, su voz, sus manos. La sonrisa matutina se alejaba a cada segundo de su memoria. El brillo de sus ojos se apagaba, el color de su cabello ¿era negro? ¿Quizás marrón?
Sus abrazos, ahora evocaciones provocadas, ya no existían en la cotidianeidad de sus latidos.
¿Dónde estaba?
Una campana indicaba que el tren ya se pondría en marcha.
Pensaba en cuánto tiempo se había tardado en descubrir que el secreto no era alejarse, sino volver. Ahora, qué aún existía el recuerdo de un recuerdo.
El tren se meneaba suavemente sobre la hierba que acompañaba el recorrido de los andarines, la acompañaban a ella. A ella que nada sabía sobre guerras, ni de matemáticas, ni arte, menos de edificios o genética.
Sólo perdón. Perdón y soledad.
Los campos recordábanle su infancia, sus juegos, las peleas con sus amigas. El viento hizo lo suyo. El olvido el resto.
¿La estarían esperando?
Un estremecimiento brotó desde lo más profundo de su alma. Desde el asiento de adelante, la observaban. Un hombre que ella no conocía, que no le provocaba nada, la miraba fijamente, como si quisiera decirle “DEVUÉLVETE”.
No quería devolverse. Si salió de un lugar fue por una razón, inespecífica pero razón al fin y al cabo. Además, sólo tenía un boleto.
Un guardia pasó junto a ella para solicitarle el boleto.
- ¿sólo uno?
- Sí, respondió ella con su aguda voz habitual, sólo uno.
Y sonriendo el guardia perforó su pasaje y se difuminó entre los fantasmas.
El paisaje se hacía cada vez más lento, nítido, claro.
No sabía en dónde estaba, aquel lugar era completamente ajeno a todo lo que siempre había conocido. A pesar de ello, no se sentía perdida.
Caminó largas horas entre los pastizales, las rocas, la tierra y lagunillas que se formaban a causa del barro, siempre pensando en sus ojos y en lo mucho que los extrañaba.
Una reja alta, de hierro imponente impedía su camino.
Una señora, cuya cabeza un manto cubríale dijo “hace tiempo que la estaban esperando mi’ja”
La desesperación nubló su corazón y entonces, ya no hizo más que correr. Su mochila, sus libros, su vida, la dejó ahí, sobre el asiento desocupado del expreso en que aquella mañana iba vacío a los ojos del retorno. Quedaron ahí, intactos y ordenados, al igual que como ella los dejó.
La suela de sus zapatos se había roto y su vestido estaba bordado en lodo. El sudor corría por su rostro, y su respiración, agitada cómo cuando era pequeña y debía huir de la vecina por haberle roto una ventana con una piedra.
- Hola mamá. Te extrañé.
Y sobre la piedra mojada por la lluvia que había comenzado a caer sobre el mundo, se quedó dormida, aferrada a la roca, como cuando niña en sus brazos y soñó con los pasteles, las historias y con sus ojos.
Volvía a verlos en medio del silencio de su recuerdo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

