Sin más se marchó. Así como si no conociera a nadie.
Se fue y no dijo a dónde iba, ni cuándo volvía, menos díjo adiós.
La verdad a nadie le extrañó. A nadie excepto a él.
Había escuchado de eso, que con ella nada era para siempre, pero desde que la conocía, lo puso en duda, aún más, lo subestimó.
Pero el día llegó.
Despertó, se dió vuelta para abrazarla, y no encontró nada. Buscó por toda la casa una carta, una pista, algo que le dijera algo de su paradero. Pero nada.
Una voz le dijo desde el espejo:
"Volverá cuando se le dé la gana, o cuando haya podido olvidar"
- Olvidar, pensó.
Tomó sus maletas y se fue él también.