jueves, 12 de abril de 2012

Reflexiones en verso

Cuando salió de la iglesia, con su manto negro sobre la cabeza, escuchaba que por los rincones murmuraban – ahí viene la viuda negra, alejémonos de aquí-, pero ella fingía no oír y seguía de largo. Si alguien iba a cuestionar su modo de vida, sus errores o sus planes, no serían ellos.

Sí, era cierto. Mujer enigmática, esquiva, no la encuentra quien la busca, sino a quien ella se deja ver. Mas, destino fatal, para el desafortunado. Araña venenosa, extremadamente bella en su naturaleza, eso era lo que la hacía ser temida y peligrosa, pero aún más… amada.

Dicen que lo que el hombre añora es lo que no puede tener, que se obsesiona, que enloquece, que mata, roba y engaña, pero al final cae en la cuenta que comparte un final común a tantos otros que pasaron por su vida…. Mejor dicho, ella pasó y consumió la vida de ellos.

Le dicen la viuda negra, porque prueba y luego abandona, una telaraña lleva por cabello, y un veneno con cara de inocencia expele de sus pupilas. Aliento a encanto, perfume a perdición, eso que enamora a los hombres, y les hace perder el control. Los lleva a su guarida, no muy lejos de aquí, espera a que sonrían, y los besa a modo de fin.

Pero ama a un solo hombre, a ese que no puede tener, un amor fuerte como el fuego, amargo como la hiel. Le robó su corazón, un día de abril; come hombres a modo de recuerdo, para olvidar el mal sufrir.

Una cosa he de decirte, que no es otra cosa que la verdad, la viuda negra come y mata, pero nunca engaña. Deja sin aviso, sin testigos, como una brisa en el mar.
 Ella advierte, y recomienda huir, pero... si tuvieras hambre ¿dejarías el pan ahí?

domingo, 8 de abril de 2012

Aviso de utilidad pública

Se busca a un joven alto, delgado, de cabello negro con tímidos rizos, que en días nublados se animan a salir. Él dice tener los ojos verdes, pero por más que busco en mis recuerdos, siempre los vi cafés. Tiene una mirada triste como la de aquel que observa sin cesar el eterno paso de los trenes. Cuelga de su hombro un bolso de cuero gris y unos zapatos de suela que gusta hacer sonar al caminar. Si lo ven, en el lugar que sea, no me avisen; díganle que me espere; yo ya estoy por llegar.



con mucho cariño para anónimo

Pecadillos Nocturnos

Caminaba papá Satán de noche por la casa, cuando llamó a su hija Gula y le preguntó por sus hermanos – ¿Dónde están tus hermanos? – dijo despreocupado...

–No lo sé papá –dijo chupándose los dedos–. No tengo idea.