sábado, 8 de marzo de 2014

A veces, solo a veces (Parte 1)

A veces, solo a veces, suelen ocurrir cosas que pasan, paradójicamente, muy seguido; pero resulta que le pasa a alguien que está al lado tuyo, alguien que conoces, de quién te sabes el nombre, el (los) apodo (s), hasta el color favorito. Ese “alguien” tiene un rostro, y es un rostro tan familiar, que incluso puedes verte a ti mismo reflejado en él. Bien, todo bien. No pasa nada. Lo miras, vives algunas experiencias con él/ella, en mi país le dicen “convivir”.

A veces, solo a veces, la convivencia da un paso un poco más hacia adelante y ya no solo nos sabemos el color favorito; la historia, la experiencia de vida de ese alguien, que resultó ser cercano, que finalmente terminó siendo una extensión de uno, pasa a ser la historia y la experiencia de vida propia. Supongo, y asumiendo el amplio riesgo de cometer algún tipo de sesgo, que esta visión puedo no ser compartida o recibida con gran aceptación, pero el blog es mío… no tienen muchas opciones.

La vida remece, más de lo que quisiera (puedo hablar por mi), toca tan profundo que puedes sentir la fragilidad, la debilidad, la pequeñez. Te haces hombre/mujer. Eres un ser finito. Y pensarlo es chocante; interesante y curioso; pero es chocante. Tanto qué hacer, y tan poco abasto de este cuerpo de barro. Que se quiebra, con más facilidad de lo que se piensa/cree/quisiera. Es difícil, uno jura que no, pero no hay nada peor que, que en lugar de uno, le pase algo malo a ese alguien que se ama. ¿Cuántas veces no grité al cielo que me diera a mí tu cruz, cuántas veces lo volveré a hacer?

Sé que no van a entender quienes no tengan que entenderlo, sé que quienes entiendan saben que mi corazón está dispuesto para ellos, cómo demostrarlo con más fuerza, con más convicción, quiero que no les quepa duda de ello.

A veces, sólo a veces, da la casualidad que me siento capaz de patear a quien se ponga por delante, y eso es lo máximo. Quiero que tengas en ti la misma seguridad de hacer lo que crees correcto, aunque duela, aunque te desgarre el alma, aunque no te deje respirar, porque la tristeza que siente tu corazón, la humedad de esas mejillas, no es nada comparada con la felicidad de saberse libre, incluso de lo que se creía querer. No existe esa tal lluvia sin fin.

No siempre lo que se quiere es lo que se necesita.

Para terminar esta parte y a modo de recordatorio para mí misma. La vida es esta, no hay otra, y tú vas a tener que decidir cómo te la quieres pasar, mirando o haciendo, riendo o viendo cómo los otros se ríen. No hay nada más insustancial que el futuro, nada más etéreo… ¿vas a conformarte con eso?


A veces,  pero sólo a veces, pienso en ti, en los pocos momentos. En cómo se aceleraba mi corazón solo con ver tu nombre escrito, era la tanta la emoción, que no me atrevía a pronunciarlo. Recuerdo tus ojos, y tus manos fijos en mí, recuerdo tus lágrimas… las mías. A veces pienso en lo que quise que fuera pero no fue, quizás faltó decisión. A veces, solo a veces te extraño, y quisiera que estuvieras aquí, para mirarte desde abajo, como esa tarde, en el parque aquel. 


Esto está dedicado a mucha gente, nada está escrito al azar, y las personas en las que me inspiré lo notarán... incluso tú si llegaras a leerlo.

lunes, 3 de marzo de 2014

Camino


Una guitarra vida me hace sentir que en estos días
Nuestras vidas pueden caminar hacia felicidades masivas
Armónica suena sin pensar a quién escucha para volar
Has de ella un soñar, se muestra a ti para mostrar
Que siempre hay algo más allá del simple mirar

Ferviente se muestra atrevida sin vergüenza de quién es
Sin más reproches empieza estridente sus derroches
De bellos acordes ordenados para sentir palpitares
De sangrientos corazones latiendo al son de notas
Danzando en partituras de líneas  que sólo brotan

Los cuerpos llenos, ostentosos de recorridos vividos
Hacia la muerte nos lleva este frío camino maldito
Somos parte del pasado que será parte de lo vivido
Pasan los años con cierta velocidad, rápido ni lento
Más siempre lo preciso según quiera Dios, desfallecimiento

Dicen que el tiempo cura cada herida en cada frío cuerpo
Pero de nuevo me caigo y me hiero, es que no soy de hierro
Pero no dejo el sonreír, es siempre lo que me invita a seguir
Es que el porvenir me invita y me alienta a luchar y no morir
El que cada paso es un error que me hace perfecto en el vivir


Escrito por Ignacio Peña
Fb: https://www.facebook.com/ignnacio  Esperamos sus comentarios y opiniones :)

sábado, 1 de marzo de 2014

Federico y yo

A Federico, o Fede (los amigos tenemos costumbres extrañas de repente), lo conozco desde hace tiempo, menos del que quisiera en todo caso, pero nadie le dice así… a todos les gusta decirle por el apellido. Desde que era pequeña, lo miraba distante hacia el living de la casa de mi abuela, que era donde solía pasar las cálidas tardes de verano, en compañía de otros menos dignos de mi generosa atención en ese entonces.

El Fede tocaba el piano, pero siempre que lo hacía, me aburría mucho, no me sabía ninguna de sus canciones.

Un día, estaba triste, y me dí cuenta que él también lo estaba; entonces empecé a verlo menos como invitado y más como cómplice, teníamos más en común de lo que habíamos pensado. Empezamos a conversar, aunque sus únicas palabras siempre fueran notas, suaves y deliciosas notas, que tocaba sólo para mí. Fede sabía cómo hacerme sentir mejor cuando estaba deprimida, cuando me dolía el corazón, cuando amenaza con explotar de la rabia, podía calmarme en un instante. Y yo a cambio… yo a cambio verbalizaba cada compás, haciendo juego con sus tempos.


Hoy Federico está de cumpleaños, y hemos vuelto a conversar un rato, había mucho que comentar. Esto fue lo que me respondió… 




Con mucho cariño para Andrés y Rocío, amigos entrañables.

Chopin

Notas
Efímeras y transparentes
Ingenuas, soñadoras, honestas.
Asesinadas por el tiempo
Implacable asediador

Ojos
claros y lúcidos
buscadores de felicidad
incansables exploradores de sueños
ávidos de caminar lo insondable

Agua
cristalina y pura
alimenta el alma
asolada por la sola soledad
solitaria similitud a solo corchea y media de distancia

Has pensado en lo parecido que eres
a la música.
Efímero, y a su vez indeleblemente trascendente.