“Cuenta la leyenda, que cada noche al esconderse el sol y al no quedar rayo alguno en el horizonte, cuando ni los pájaros tenían el valor para cruzar el paraje, una silueta se veía caminar en medio de la nada.
Llevaba un abrigo de indescriptible color, por la falta de luz, y por el sonido de sus pisadas, unos zapatos con tacones.
El recorrido que hacía era el mismo cada noche, derecho, derecho, derecho. Gira a la izquierda, derecho. Se detiene. Alguien interrumpe su camino. Ese alguien cae al suelo y nuestra sombra misteriosa huye sin poder terminar su recorrido.
La misma leyenda cuenta que una mujer de mediana edad, pronta contraer nupcias, había recibido una carta en la cual, la citaban en la intersección de ciertas calles a una determinada hora. El mensaje tenía el carácter de urgente, por lo que no dudó un instante y corrió pensando que podía tratarse de alguna tragedia.
Pero al llegar unas cuadras antes del sitio acordado, un hombre la interceptó preguntándole por qué tanta prisa. Estaba Ebrio.
Ante la negativa de la muchacha, el sujeto en un ataque de ira, la tomó del cuello, azotándola contra el ladrillo de la pared contigua, matándola.
Desde entonces, al ponerse el sol nadie se atreve a salir de sus hogares, pues cada noche esta alma perdida intenta llegar al sitio del encuentro, pero de encontrarse con alguien, lo confundirá con su asesina y le quitará la vida, huyendo del lugar.”
Llevaba un abrigo de indescriptible color, por la falta de luz, y por el sonido de sus pisadas, unos zapatos con tacones.
El recorrido que hacía era el mismo cada noche, derecho, derecho, derecho. Gira a la izquierda, derecho. Se detiene. Alguien interrumpe su camino. Ese alguien cae al suelo y nuestra sombra misteriosa huye sin poder terminar su recorrido.
La misma leyenda cuenta que una mujer de mediana edad, pronta contraer nupcias, había recibido una carta en la cual, la citaban en la intersección de ciertas calles a una determinada hora. El mensaje tenía el carácter de urgente, por lo que no dudó un instante y corrió pensando que podía tratarse de alguna tragedia.
Pero al llegar unas cuadras antes del sitio acordado, un hombre la interceptó preguntándole por qué tanta prisa. Estaba Ebrio.
Ante la negativa de la muchacha, el sujeto en un ataque de ira, la tomó del cuello, azotándola contra el ladrillo de la pared contigua, matándola.
Desde entonces, al ponerse el sol nadie se atreve a salir de sus hogares, pues cada noche esta alma perdida intenta llegar al sitio del encuentro, pero de encontrarse con alguien, lo confundirá con su asesina y le quitará la vida, huyendo del lugar.”
Si había algo a lo que Andaluz le temía desde que era pequeña, era a la oscuridad. No era a la falta de luz propiamente tal, sino a su imaginación en medio de la umbra. Toda clase de recuerdos pavorosos abandonaban el subconsciente, amo y señor de los sueños, y se hacían realidad en su habitación, por lo que no había tenido más remedio que recurrir a una técnica que la ayudara a dormir, así que metía todo su cuerpo dentro de la cama, no fuera ser que alguna mano negra fuera a tirarla de la cama, cerraba bien los ojos, y pensaba en mariposas.
Andaluz era una persona que gustaba del pensamiento, tanto de ella misma, como de otros. No perdía una sola oportunidad para reflexionar, y, mientras unos se ocupaban de cómo iban las acciones en la bolsa, ella estudiaba el accionar de su mente al dormir.
Ya lo tenía todo muy claro; boca abajo se tenían sueño placenteros y reconfortantes, en posición fetal hacia la izquierda sueño reconfortantes pero inconclusos, hacia la derecha sueños XXX. De lado no se soñaba nada y hacia arriba… con la boca hacia arriba se tenían pesadillas.
Andaluz más que tener un sueño que se interpretara como deseo frecuente, tenía una pesadilla recurrente. Esta consistía en que se perdía por una cierta ciudad, pero no podía volver al punto de inicio; generalmente el metro fallaba, pero nunca podía volver.
Había alguien de quien arrancaba, pero hasta entonces, no tenía la certeza si se traba de alguien o algo.
Había alguien de quien arrancaba, pero hasta entonces, no tenía la certeza si se traba de alguien o algo.
Esa mañana Andaluz despertó con la sensación que un plan debía ponerse en ejecución, porque al esconderse el sol, la gran jueza surcaría el cielo nocturno, y después de años de silencio, le rendiría cuentas a las dos.