Te extraño…
Qué mal comienzo, cuando sabemos que fuiste tú el que cerró la puerta por fuera. Eufemismo, porque tampoco estaba abierta. En fin.
Te escribo una cartita, a modo de la despedida que nos merecemos, que nos debimos haber dado, que nunca tuvo que haber sido.
Me dejaste por otro, así sin más, sin aviso, y me dolió porque te quería. A mi manera, pero te quería mucho.
Porque confiaba en ti.
Porque
eres eras mi amigo.
No sé si significó algo para ti, pero para mí, sí. Y tu silencio… me enerva.
Lo único que me queda por pensar es que o nunca fuiste sincero, o esto no es el adiós.
Y mientras yo intento resolver mi situación, sigamos mirándonos de reojo, a escondidas y por los espejos retrovisores.
No hay mal que por bien no venga.