No somos dueños de nuestro destino, y en un error está quién lo cree; más no por ello estamos sometidos al yugo de un invisible control. Simplemente que con querer, desgraciadamente muchas veces, no basta.No basta, no por la ineptitud de nuestras manos, si no por la carencia de nuestra alma, la pequeñez de nuestro propio ser. Comparándonos con lo que no somos, intentamos metas imposibles. No planteo que la felicidad sea una quimeridad impuesta por Disney, pero ¿mirémonos? ¿Qué vemos? NADA.
Vivimos en un duelo constante por la muerte de nuestros sueños, nuestros amores, nuestras risas. Al final del camino, solo nuestros recuerdos quedan. Eso, y nada más.
Cada noche vivida y soñada, cada ola muerta en la playa, cada amanecer que murió en tus ojos y en los míos, cada beso echado al olvido, servirá para un álbum frágil, ese que veré cuando tu a mi lado ya no estés. Por cobardía o por amor, eso ya nada importa ahora. El tiempo y la soledad se encargarán de las suturas.
Un duelo por lo que nunca fue, un duelo eterno, porque aún hay esperanzas.
Dedicado a la Malu