Hoy me desperté, y aún contra mi voluntad, pensé en tí.
No tengo más que sentimientos encontrados ante tu causa, que sí, luego no. Que te extraño, y luego te quiero fuera de mi vida sin ningún motivo más que el aparente capricho.
Así soy yo, inestable, te lo dije aquella vez. Para mí un beso, no es nada, nada; si no va acompañado de la esperanza, de un proyecto. Para mí el amor, no es más que la admiración profunda de un ser ajeno a mí persona. Un te quiero no significa nada, si no viene acompañado de un compromiso o de algún tipo de lealtad.
No pienso quedarme acá, recordandote, o pensando en que de haber hecho las cosas de modo diferente aún estarías a mi lado, porque la verdad es que no era más que un plan para qye de un modo poco ortodoxo te dieras cuenta de que lo más sano, sobre todoi para tí, era alejarte. T elo dije, peor hiciste oídos sordos. seguramente pensaste "a mi no me va a apsar". Pues pasó, créeme cuando te hablo, créname todos. No soy como piensas, y tu tampoco eras lo que me mostrste estos dos años. No eras aquel amigo, compañero que decía estar ahí, cuando lo que en realidad hacía, no era más que aparentar. Aprende a ser humano, aprende a amar en toda la extensión de la palabra.
Una vez me dijiste, que era imposible manifestar el amor si no era en un sentido físico. Pues... esa es otra de las grandes diferencias que nos distancian.
Sería feliz, mirando a la distancia, sin poder tocar. Solo embelesada ante la belleza de los gestos de mi amado. Velando en el silencio, contemplando en las sombras. Es algo que escapa a tu entendimiento. Es algo, que no vas a poder entender jamás.
No somos iguales, y no pretendemos lo mismo en esta vida. Puede que nadie pretenda lo mismo que yo, pero un beso estimado, un beso no significa nada. Por lo menos un beso para tí.
Será cruel, egoísta. Pues sí. Hoy me doy cuenta. Pero no caigo en tus juegos para llamar mi atención, ni en los de nadie. No estoy pendiente de quien no pretende lo mismo que yo. No compartimos nada.
Con el pasar de los días, sólo siento desprecio por tu actuar, pensar, por como respiras. No te quiero cerca, esa es la verdad.
Escribo con mis lágrimas, con Yann a mi lado, mi sangre corre rauda por mis venas y se estanca en mi corazón que ya no late como se debe.
Es verdad, nunca lograste entenderlo, no soy quien creiste, no porque no me mostrara tal cual, sino porque no quisiste verme, no lo hiciste.
Dijiste, como tantos otros que no me dejarías sola... demasiados para contar, y ahí estás. Lejos, orgulloso, maldiciendo mi nombre. Hazlo, adelante. Es mejor tropezar al iniciar el laberinto, cuando aún hay oportunidad de regresar... a salvo.
Ódiame, si lo haces, sabré que mi decisión fue la correcta. Ello no quitará la pena de tu ausencia, pero lo que no te mata te hace más fuerte.
Haznos ese favor. Decepciónate, huye, escapa. Aún tienes la posibilidad de seguir sonriendo lejor de esta muerta en vida, maldita desde la cuna.
Con cadenas no se me puede atar, lamento que lo hayas entendido del modo equivocado.
martes, 31 de enero de 2012
lunes, 30 de enero de 2012
No pasa nada
Ojos qu eno ven corazón que no siente.
Corazón que siente, pero no sabe qué
está en un gran problema.
Porque el daño no es saber qué,
sino, justamente todo lo contrario: el no saber ese qué.
Ojos que no ven, delegan responsabilidades.
Porque, como dijo juanin,
más daño hace el confundido, que el que tenía intención.
Corazón que siente, pero no sabe qué
está en un gran problema.
Porque el daño no es saber qué,
sino, justamente todo lo contrario: el no saber ese qué.
Ojos que no ven, delegan responsabilidades.
Porque, como dijo juanin,
más daño hace el confundido, que el que tenía intención.
sábado, 21 de enero de 2012
Al poeta
Dijo el poeta, sentado a la orilla del río:
Una sombra... Una sombra...
Ríos de tinta, lágrimas y emoción!
Eso compone una brillante creación!
Para llegar alto, donde nadie amenace con penumbra!
Dedicado a un grande
Una sombra... Una sombra...
Ríos de tinta, lágrimas y emoción!
Eso compone una brillante creación!
Para llegar alto, donde nadie amenace con penumbra!
Dedicado a un grande
viernes, 20 de enero de 2012
Reflejo
Hoy vi mi reflejo en la ventanilla del metro, Y... no eras tú el que acompañaba mi rostro. Nadie me guiñó el ojo, estaba ahí, acompañada por alguien que no eras tú.
No es la primera vez que me percato de esto; pero ya no lloro cuando lo pienso.
No es la primera vez que me percato de esto; pero ya no lloro cuando lo pienso.
viernes, 13 de enero de 2012
Cuando lo dejé en el tren
Cuando lo dejé en el tren, aún no se dejaba la barba. En su lugar una pelusilla que hacía las veces de bigote incipiente. Ninguno de los dos entendía completamente lo que estábamos haciendo, pero ahí estábamos, despidiéndonos.
Me preguntó si quería subir con él al tren, queda un rato para que partiera. Pero le respondí que no. Siempre me ha dado angustia subirme a los trenes o a los buses cuando ya están por partir, me da la sensación de un retorno imaginario, algo que no va a ocurrir.
Lo que logro recordar, después de todo este tiempo, es que llevaba sombrero, o yo le decía que se lo pusiera, pero su cabello, negro, enmarañado a ratos se lo impedía, no había caso, parecía de paja. ¿Cómo tendrá el cabello ahora? ¿Tendrá cabello? Al pensar esto una sonrisa escapa a mi rostro.

Recuerdo que antes de llegar a la estación le dije que iba a perseguir el tren con un pañuelo blanco, corriendo por el andén, hasta que este terminase. Él me miró con reproche, con vergüenza, con… Me dijo que podía hacer lo que quisiera, pero que no llorara. Eso, era una de las pocas cosas que no soportaba de mí; verme llorar por cosas sin importancia, cómo un final triste de alguna serie que pasaban por la tele, o con un libro de romance.
A veces todavía pienso en él, en sus ojos pardos. Enciendo la radio, escucho un buen blues, me fumo un cigarrillo, de esos que solíamos fumar a hurtadillas, y le recuerdo.
Ese día, caluroso de abril, acordamos volver a reunirnos hoy, en el mismo lugar, con las mismas caras, con la lengua rebosante de historias, de risas, de vida. Una que vivimos separados, pero más juntos de lo que hubiera sido posible.
Pare ese entonces, era rubia; ahora poco queda de esos ricitos de oro, como él solía llamarme para molestarme. Las caras no son las de ayer, mas los ojos se recuerdan y se reconocen.
Recuerdo que agité el pañuelo con tanta fuerza, que el brazo me dolió una semana completa, no sabía qué más hacer, esa era la verdad. No nos dijimos nada, guardamos el momento para contarlo en innumerables ocasiones. Corrí, corrí tan rápido que pensé que podría seguir así, acompañando al tren durante todo su viaje, hasta el fin de los tiempos, juntos. Pero el andén acabó, y ya no hubo nada más por hacer.
No hemos hablado desde entonces, hemos guardado esta historia para el momento apropiado, nada de cartas, encomiendas, o eso que llaman e-mail en estos tiempos. La esperanza se guarda paciente, ferviente y se alimenta con recuerdos y fantasías que sazonan el vivir.
El tren viene de regreso, después de su incansable travesía, y el vapor dibuja historias en el cielo, pensé que ahora, con mis tres piernas, podría correr más rápido, pero el tiempo es implacable y no puede hacer más que agitar el pañuelo, como lo hice hacía tanto.
¿Cómo sabré quién es? ¿Podré reconocerlo? ¿Y si no llegó?
Las lágrimas corrían tan presurosas por mis mejillas, que mis manos envejecidas por la vida, no daban abasto para evitar una lluvia inminente.
Entonces, fue cuando escuché una voz a mi espalda, tan profunda, que podía escucharse el mar en ella. Tan seria, que no pude voltearme inmediatamente. Una voz, que había estado esperando la vida entera. Una voz que me dijo:
- -Ya no llores, odio que lo hagas.
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