lunes, 14 de enero de 2013

Con nombre y apellido


Me siento raro. Sí, así sin más, raro. Un tecnicismo que determina cierto padecimiento, quizás unos ciertos cuantos.
Un padecimiento que empieza en el estómago y sigue subiendo finalizando en los labios, que se aplaca con la realidad, pero cuando se acaba, y los sueños e ilusiones reinan retorna con todo su poder y consume almas afligidas.
A veces va muy rápido, otras lento, quiero avanzar y soy brusco, echo todo a perder.
Pero me siento raro, y ya no quiero estarlo.
Solo el susurro de tu nombre me enloquece... me enardece.
Quiero alejarme sin perderte de vista, quiero estar contigo sin tocarte. Quiero mirarte la vida entera sin que duela.
Es tarde, y me siento nuevamente así, nervioso. Es por ti, nada más. Tú, mi afección sin cura.

viernes, 11 de enero de 2013

Nuevas Esperanzas

Hoy hay algo nuevo que celebrar, aunque bien se sabe, no es mi cumpleaños.
He superado mi esperanza de vida, supongo que la nueva meta serán los 29 con 3 hijos a cuestas: Santiago, Estela y Adela.
Dejaré un esposo fervoroso viudo, embargado por la desesperación del bien amado perdido.
3 pequeños ilusionados con un rostro que se pierde poco a poco entre las memorias del pasado.
Quisiera decir que los 29 es muy joven y dejar de pensar polotudeces... pero vamos. Seamos realistas.
Pocos saben lo mucho que me ha costado llegar hasta acá, y no es sino hace unos pocos años que he comenzado a vivir.
Tener un plazo tope, una fecha límite, seguramente no significará que todo termina en tal día, más bien sirve de algún modo, para aterrizar la vida misma.
Es de suponer que nadie piensa que morirá atropellado, o en un ataque terrorista, o por una balazo. Todos pensamos que moriremos de viejitos y en medio de un sueño, sin dolor.
Pues yo no.
Temo.
No estoy preparada.
Pero lo asumo, y poner plazos me ayuda a vivir de un modo más verdadero e intenso cada instante.

"Terapia del vaso medio lleno"

jueves, 10 de enero de 2013

Explicación


¿Cómo decirlo de un modo que me puedas entender?

Me gustas.

¿Sabes por qué lo sé?

Miro el reloj constantemente cuando no has llegado, al tiempo que mi vista no se despega de la puerta, esperando que se abra de pronto. Ante cualquier paso extraño mi corazón salta pensando que eres tú, y siente la tristeza de la decepción al ver que no.

Cuando llegas, miro al suelo, el suelo, el suelo. Podría perforarlo con la intensidad de mis ojos. Mi pulso se acelera, tanto, que puedes verlo bailar sobre mi ropa.

Quiero estar contigo a cada segundo, detener el tiempo en ese inocente e ingenuo  beso de despedida.

Lloro sola, de la pena, de la confusión, de no poder escapar. La melancolía me envuelve. Es aquí, cuando lloro, que ya no hay vuelta atrás, y el sufrimiento es algo irremediable.

Opto por el silencio, y la distancia. Amarte desde la ventana.

¿Amar? Ya te dije que el sufrimiento era el siguiente paso.

Sonrisas vanas, cuando lo que en realidad quiero es abrazarte y no dejarte ya más. Sin palabras, sólo lágrimas y piel.

Me desespero y no sé qué hacer ahora que nuestro tiempo termina. ¿Te darás cuenta?

Mi única ilusión es soñar contigo, no aspiro a nada más. La realidad no me pertenece, puede que nunca sea mía, pero yo elijo soñar.


Soñar contigo.



A ti que estás aprendiendo lo que antes no. I.C.F.