Cuando salió de la iglesia, con su manto negro sobre la cabeza, escuchaba que por los rincones murmuraban – ahí viene la viuda negra, alejémonos de aquí-, pero ella fingía no oír y seguía de largo. Si alguien iba a cuestionar su modo de vida, sus errores o sus planes, no serían ellos.
Sí, era cierto. Mujer enigmática, esquiva, no la encuentra quien la busca, sino a quien ella se deja ver. Mas, destino fatal, para el desafortunado. Araña venenosa, extremadamente bella en su naturaleza, eso era lo que la hacía ser temida y peligrosa, pero aún más… amada.
Dicen que lo que el hombre añora es lo que no puede tener, que se obsesiona, que enloquece, que mata, roba y engaña, pero al final cae en la cuenta que comparte un final común a tantos otros que pasaron por su vida…. Mejor dicho, ella pasó y consumió la vida de ellos.
Le dicen la viuda negra, porque prueba y luego abandona, una telaraña lleva por cabello, y un veneno con cara de inocencia expele de sus pupilas. Aliento a encanto, perfume a perdición, eso que enamora a los hombres, y les hace perder el control. Los lleva a su guarida, no muy lejos de aquí, espera a que sonrían, y los besa a modo de fin.
Pero ama a un solo hombre, a ese que no puede tener, un amor fuerte como el fuego, amargo como la hiel. Le robó su corazón, un día de abril; come hombres a modo de recuerdo, para olvidar el mal sufrir.
Una cosa he de decirte, que no es otra cosa que la verdad, la viuda negra come y mata, pero nunca engaña. Deja sin aviso, sin testigos, como una brisa en el mar.
Ella advierte, y recomienda huir, pero... si tuvieras hambre ¿dejarías el pan ahí?