Si Cenicienta no hubiese ido al baile, habría conocido al príncipe?
Si, no hubiese dejado, intencional o no, la zapatilla de cristal, el príncipe la hubiese buscado?
Y si no? Si simplemente hubiese sido un weon pajero, cómodo, qué habría sido de la doncella cuyos ratones mugrosos le zurcieron un vestido raído por la injusticia del abandono?
Las doce tocaron, y ella presurosa corrió, en medio de los jardines, hacia la carroza Roja, que la esperaba cruzando la calle.
No hubo zapatilla olvidada, ni billetera, ni celular, nada. Nada con que el príncipe pudiera buscarla.
Nada, salvo un baile, en medio de la oscuridad del jardín, un sueño, un andar entre nubes.
Una despedida con un abrazo que dio vuelta por los aires.
Entre nos... es suficiente para soñar despierta todo el verano.