viernes, 26 de septiembre de 2014

Lolita

Alta, delgada, con porte. Nariz respingada que se alzaba por sobre todos. Una melena lacia, unos ojos celestes, adornados con collares a su alrededor, marcas innegables de un pasado categórico. Los pliegues en su piel ocultaban algo más que el polvo en las bastillas; historias, secretos, vida.

Los rayos tímidos de un sol invernal hacían resplandecer las nieves de sus sienes, que intentaba ocultar vanamente con un sombrero a la moda. Los huesos podían entrevérsele entre las ropas; la blusa sería Gucci, pero ni así podría cubrir el paso del tiempo sobre ella.

Caminaba sin mirar a nadie, meneando audazmente la cadera con un suave vaivén. Sonreía, coqueta, al notar que era foco de miradas.

Lolita( podría haberse llamado así, o quizás no) ese día al cruzar Grecia con Macul no escatimó esfuerzos al ponerse los tacones en esos pies cansados, las medias negras sobre su arrugado cuerpo y la falda corta tableada, porque ese día… ese día Lolita quería demostrar que aún podía enseñar las piernas.  

viernes, 12 de septiembre de 2014

Carlos Valdovinos

Nuestro último beso fue aburrido, casi tan aburrido como el primero. Claro! Yo no cuento como primero el del parque forestal después de la comida japonesa, cuento como primero el de verano, después de mi helado de manzana y tu helado de mouse de manjar. Ese que dices que te robé...
Había una posa en la calle, y me tomaste en brazos para que no la pisara, me dijiste que no era una mujer cualquiera.
Nuestro último beso fue igual que el primero, te lo dí yo, un beso insipido, solitario, triste.
Sentí lo mismo con el último y con el primero, un frío intenso a pesar del calor del día, una distancia tremenda, la irremediable realidad de tu indiferencia.


miércoles, 20 de agosto de 2014

South american Rockers

La vieja y el viejo no son tan diferentes, aunque se llevan por sus buenos y dorados años. A pesar de que él tiene bigote, y ella (cuestionablemente) no, comparten más que un lenguaje, un código, acuñado conforme pasan y pasan sus días.

La vieja es setentera, el viejo se vanagloria de sus inolvidables ochentas.
Él viejo era fanático de los prisioneros, les hacía hasta el aseo. Era una nueva religión, una verdad inalienablemente juvenil, irreverente, cismática. La vieja vibraba escuchando estupefacta  a los detenidos en frente de la radio del living. Más de alguna vez reconoció a alguno.

Vida de calle, con los vecinos de la cuadra; pavimento para ella, tierra, barro y piedras para él. Ninguno de los dos tenían interiorizado a la Marilyn, y menos quién/qué la había matado. Era la tele o el pan.

La vieja: monjas inglesas
El viejo: el internado
La vieja: pedagogía en castellano
El viejo: el seminario

La pichanga en la cancha de tierra, frente a la casa, se acaba a las 7 en punto, ya no había luz y los de arriba se tenían que ir, más de alguna vez se acabronaron con la pelota.

 La vieja también, la luz se hacía miedo, y eran los cabrones quienes bajaban a esa hora.
Los dos miran con nostalgia el Nacional (estadio) cuando pasamos por ahí. El viejo vino a ver y a gritar por sus prisioneros. – Qué coincidencia- responde la vieja, mirando distraída hacia otro lado.

Nunca quisieron dinero, si quedaron mal con muchos, no son de los que bailan, y menos de los que sobran; fueron portadores de corazones rotos, pero la fuerza… su fuerza, mi fuerza; vino con ellos.


El viejo y la vieja son bien parecidos en realidad. Cuando se vaya uno, ligerito se irá el otro.

domingo, 6 de julio de 2014

De muerte


La explicación de por qué no había nadie en las calles de Santiago ese Sábado, era bastante evidente y plausible. Yo iba despreocupada, con mis audífonos puestos, pensando en las canciones para la misa de la Maríta, o al menos ese era el encargo que me habían hecho.

Me conmovió el clima de congoja de la multitud congregada en torno a la difunta, la clara angustia reflejadas en tenues muecas  de ansiedad y decepción. Nadie decía nada, las palmaditas en los hombros hablaban por ellos - lo vamos a lograr, tú tranquilo, hay que confiar- decían entre susurros, mientras volteaban sus cabezas a la pantalla brillante que yacía entre sus dedos.

El cura hablaba; se podía sentir la tensión en el aire, nadie respiraba, el clamor a Dios enardeció las débiles llamas de la fría capilla. De pronto un suspiro largo y mojado empapó a los santos en sus vitrales. Las lágrimas comenzaron a brotar y la incredulidad cobró presas a esas entristecidas almas.
Habíamos quedado fuera del mundial.


Chile estaba de muerte. Dio la casualidad que la Marita también.

viernes, 20 de junio de 2014

Herencia

La casa de Dublé Almeida olía a historia; a historia con aliño completo. Olía a jibia penquista, a ajo chilote y a carne o’higginiana. A golpe forzado y a libertad devuelta. Al pan tostado de la once de las cinco, donde los dos abuelos se sentaban en una mesa con cuatro sillas vacías a comer en silencio. Olía a la muerte, eterna invitada del Velasco, a las hijas ausentes y a las nietas rubias y morochas. Podía olerse la soledad sazonada con jengibre, a los fantasmas atrapados en el espejo, a las lágrimas con cebolla… y a las lágrimas sin ella.


Los años son implacables y mi mamá se está poniendo mañosa… la casa empieza a oler a condimento. 

sábado, 8 de marzo de 2014

A veces, solo a veces (Parte 1)

A veces, solo a veces, suelen ocurrir cosas que pasan, paradójicamente, muy seguido; pero resulta que le pasa a alguien que está al lado tuyo, alguien que conoces, de quién te sabes el nombre, el (los) apodo (s), hasta el color favorito. Ese “alguien” tiene un rostro, y es un rostro tan familiar, que incluso puedes verte a ti mismo reflejado en él. Bien, todo bien. No pasa nada. Lo miras, vives algunas experiencias con él/ella, en mi país le dicen “convivir”.

A veces, solo a veces, la convivencia da un paso un poco más hacia adelante y ya no solo nos sabemos el color favorito; la historia, la experiencia de vida de ese alguien, que resultó ser cercano, que finalmente terminó siendo una extensión de uno, pasa a ser la historia y la experiencia de vida propia. Supongo, y asumiendo el amplio riesgo de cometer algún tipo de sesgo, que esta visión puedo no ser compartida o recibida con gran aceptación, pero el blog es mío… no tienen muchas opciones.

La vida remece, más de lo que quisiera (puedo hablar por mi), toca tan profundo que puedes sentir la fragilidad, la debilidad, la pequeñez. Te haces hombre/mujer. Eres un ser finito. Y pensarlo es chocante; interesante y curioso; pero es chocante. Tanto qué hacer, y tan poco abasto de este cuerpo de barro. Que se quiebra, con más facilidad de lo que se piensa/cree/quisiera. Es difícil, uno jura que no, pero no hay nada peor que, que en lugar de uno, le pase algo malo a ese alguien que se ama. ¿Cuántas veces no grité al cielo que me diera a mí tu cruz, cuántas veces lo volveré a hacer?

Sé que no van a entender quienes no tengan que entenderlo, sé que quienes entiendan saben que mi corazón está dispuesto para ellos, cómo demostrarlo con más fuerza, con más convicción, quiero que no les quepa duda de ello.

A veces, sólo a veces, da la casualidad que me siento capaz de patear a quien se ponga por delante, y eso es lo máximo. Quiero que tengas en ti la misma seguridad de hacer lo que crees correcto, aunque duela, aunque te desgarre el alma, aunque no te deje respirar, porque la tristeza que siente tu corazón, la humedad de esas mejillas, no es nada comparada con la felicidad de saberse libre, incluso de lo que se creía querer. No existe esa tal lluvia sin fin.

No siempre lo que se quiere es lo que se necesita.

Para terminar esta parte y a modo de recordatorio para mí misma. La vida es esta, no hay otra, y tú vas a tener que decidir cómo te la quieres pasar, mirando o haciendo, riendo o viendo cómo los otros se ríen. No hay nada más insustancial que el futuro, nada más etéreo… ¿vas a conformarte con eso?


A veces,  pero sólo a veces, pienso en ti, en los pocos momentos. En cómo se aceleraba mi corazón solo con ver tu nombre escrito, era la tanta la emoción, que no me atrevía a pronunciarlo. Recuerdo tus ojos, y tus manos fijos en mí, recuerdo tus lágrimas… las mías. A veces pienso en lo que quise que fuera pero no fue, quizás faltó decisión. A veces, solo a veces te extraño, y quisiera que estuvieras aquí, para mirarte desde abajo, como esa tarde, en el parque aquel. 


Esto está dedicado a mucha gente, nada está escrito al azar, y las personas en las que me inspiré lo notarán... incluso tú si llegaras a leerlo.

lunes, 3 de marzo de 2014

Camino


Una guitarra vida me hace sentir que en estos días
Nuestras vidas pueden caminar hacia felicidades masivas
Armónica suena sin pensar a quién escucha para volar
Has de ella un soñar, se muestra a ti para mostrar
Que siempre hay algo más allá del simple mirar

Ferviente se muestra atrevida sin vergüenza de quién es
Sin más reproches empieza estridente sus derroches
De bellos acordes ordenados para sentir palpitares
De sangrientos corazones latiendo al son de notas
Danzando en partituras de líneas  que sólo brotan

Los cuerpos llenos, ostentosos de recorridos vividos
Hacia la muerte nos lleva este frío camino maldito
Somos parte del pasado que será parte de lo vivido
Pasan los años con cierta velocidad, rápido ni lento
Más siempre lo preciso según quiera Dios, desfallecimiento

Dicen que el tiempo cura cada herida en cada frío cuerpo
Pero de nuevo me caigo y me hiero, es que no soy de hierro
Pero no dejo el sonreír, es siempre lo que me invita a seguir
Es que el porvenir me invita y me alienta a luchar y no morir
El que cada paso es un error que me hace perfecto en el vivir


Escrito por Ignacio Peña
Fb: https://www.facebook.com/ignnacio  Esperamos sus comentarios y opiniones :)

sábado, 1 de marzo de 2014

Federico y yo

A Federico, o Fede (los amigos tenemos costumbres extrañas de repente), lo conozco desde hace tiempo, menos del que quisiera en todo caso, pero nadie le dice así… a todos les gusta decirle por el apellido. Desde que era pequeña, lo miraba distante hacia el living de la casa de mi abuela, que era donde solía pasar las cálidas tardes de verano, en compañía de otros menos dignos de mi generosa atención en ese entonces.

El Fede tocaba el piano, pero siempre que lo hacía, me aburría mucho, no me sabía ninguna de sus canciones.

Un día, estaba triste, y me dí cuenta que él también lo estaba; entonces empecé a verlo menos como invitado y más como cómplice, teníamos más en común de lo que habíamos pensado. Empezamos a conversar, aunque sus únicas palabras siempre fueran notas, suaves y deliciosas notas, que tocaba sólo para mí. Fede sabía cómo hacerme sentir mejor cuando estaba deprimida, cuando me dolía el corazón, cuando amenaza con explotar de la rabia, podía calmarme en un instante. Y yo a cambio… yo a cambio verbalizaba cada compás, haciendo juego con sus tempos.


Hoy Federico está de cumpleaños, y hemos vuelto a conversar un rato, había mucho que comentar. Esto fue lo que me respondió… 




Con mucho cariño para Andrés y Rocío, amigos entrañables.

Chopin

Notas
Efímeras y transparentes
Ingenuas, soñadoras, honestas.
Asesinadas por el tiempo
Implacable asediador

Ojos
claros y lúcidos
buscadores de felicidad
incansables exploradores de sueños
ávidos de caminar lo insondable

Agua
cristalina y pura
alimenta el alma
asolada por la sola soledad
solitaria similitud a solo corchea y media de distancia

Has pensado en lo parecido que eres
a la música.
Efímero, y a su vez indeleblemente trascendente.


domingo, 23 de febrero de 2014

Soltar y caer

A veces vivir resulta fácil, algo sencillo y en lo cual no hay que poner mucho esfuerzo. Uno no está pendiente del flujo de aire constante y que de modo involuntario recorre nuestro pulmones… y algo más. Es algo automático, involuntario… algo que ocurre, y de lo que a simple vista podría rehuir de toda culpa y/o responsabilidad: “yo no pedí estar vivo”.

Resulta que a veces, inmersos en este éxtasis de bienestar superfluo, no por ello ficticio, algo en esta burbuja de alprazolam con cognac (no recomendado a quienes sufren de soledad patológica) se rompe. Upsi… una fisura, algo. El engranaje se discontinúa; algún chistosito irrumpió con un objeto extraño entre las tuercas y arruinó el sistema. Desequilibrio inminente.

Entonces respirar ya no es algo que se pueda hacer sin más, y rogamos a algún lado, a alguien que venga con lápiz Bic a insuflarnos oxígeno, porque nunca aprendimos cómo ingerirlo de manera consiente y ahora… ahora estamos jodidos (uno, porque nadie anda con un lápiz Bic por la calle, y dos, pocos sabes lo que es insuflar). Caemos en un espiral descontrolado en busca de la respuesta que tuvimos, y que ahora carecemos y nos preguntamos el mítico “por qué”. Pensamientos de este calibre acompañado de infundadas y supuestas crisis existenciales terminan por doblegar la más estoica de las voluntades, por no mencionar que a las débiles también. Sin embargo, y he aquí la problemática del presente texto, es la imposibilidad o la ausencia de herramientas adecuadas para, como se dice en lenguaje coloquial, pasar página y seguir. Algo impide ese “soltar y caer” quizás, y no critico a quien lo piense porque es lo más sensato, sea el miedo al golpe. Es bastante razonable adoptar ciertas actitudes por temor al dolor, habla que aún queda sentido común en esas mentes corrompidas. (Entiéndase corrompidas como un eufemismo que hace referencia a la mentalidad social actual).

Soltar y caer, seguir con la vida, no hablar más del tema, pasado pisado, dar vuelta la página… creo que se ha dedicado más tiempo al problema que a la solución.

El miedo, a mi parecer (basado netamente en experiencias personales y no tan personales), recae en la incertidumbre de enfrentarse a algo nuevo, en este caso, una experiencia nueva, y sentir la necesidad de volver a lo que se tenía, tratar de mejorarlo, aun cuando no tiene arreglo. Despojarse de lo que se posee, de lo que se arrastra, de lo que condena… es difícil. Son mis experiencias, mis recuerdos, mis ilusiones, forman parte de la vida que planee. Pero resulta que ya no está, y si existe, es porque la llevo a cuestas. Un prisionero del pasado, añorante de un futuro construido en base a meros recuerdos y migajas caídos de una mesa sin patas.

Soltar y caer. Sí, la caída puede ser fuerte, pero por ahí una canción dice “sin dolor no te haces feliz”… qué tan cierto será. Es eso o seguir con lo mismo. Yo me arriesgaría, aunque fuera por la sola curiosidad, ya nada tengo que perder; y esa, a mi juicio, es la verdadera libertad.


La vida otra vez vuelve a ser fácil… pero soy consciente de ello.

lunes, 10 de febrero de 2014

Sobre escritura

¿Cuántas veces puedes sobre escribir un recuerdo?
¿Cuántas veces puedes repetir una memoria hasta lograr hacerlo todo bien, sin cometer ningún error?

Creo que cuando las personas dicen que todo tiempo pasado fue mejor, lo dicen porque no son verdaderamente conscientes de la fortuna que tienen por el sólo hecho de estas vivos, o porque su autocompasión mal enfocada les hace pensar que están sumidos en la más profunda y hediondas de las mierdas. No comparto la perspectiva.  ¿Cómo hacerlo, si ves lo efímero de todo, un segundo está… y al siguiente alguien o algo más se lo llevó?

¿Con cuántas personas es necesario ir al mismo lugar para olvidar lo que ahí ha ocurrido? ¿Cuántas veces hay que repetir la acción para quedarse con el recuerdo correcto?

No puedo dejar de pensar en el carácter anecdótico del día a día, hoy aquí y mañana… quién sabe, o con quién. Y si no resulta como se esperaba… se repite? Jugamos al ensayo y error? ¿Cuántas veces me puedo equivocar?, ¿Descuentan cada 4 malas 1 buena?  Aún no tengo suficientes buenas como para cubrir lo que las malas me han restado.

La esperanza está en el error, aunque se corre el riesgo de abusar y equivocarse con intención… supongo que hay quien le teme a la felicidad, o no se cree merecedor de eso.

¿Cuánto se debe insistir en eso? ¿Se puede llegar a la sobre búsqueda? ¿Cuándo resignarse?


¿Se puede resignar?


jueves, 6 de febrero de 2014

Capítulo III: El príncipe feliz

Esta es la historia de un príncipe feliz. Hay varios caminando por el mundo, y yo me encontré con este. Es un hombre de mediana edad, aunque diste mucho de representarlo, delgado, tan blanco como un fantasma; con unos ojos grandes y profundos, tan abiertos que ningún detalle, por minúsculo que fuera, podía escapársele. Tenía el cabello castaño, y una enorme sonrisa. Recuerdo al príncipe como una persona alegre, siempre brindando bienestar a su alrededor, sin importar lo adversa que fuera la situación. Nunca se le había visto triste, ni deprimido; tenía una voluntad de oro.

Sin embargo el príncipe no siempre estaba contento, pues había una pena que lo afligía. Cuando llegaba el invierno no había ninguna golondrina que quisiera sacrificar el calor del sol sobre sus alas por hacerle compañía, aun cuando varias se lo habían prometido.

El príncipe feliz, así, feliz y todo, había conocido por fin a una golondrina que lo hacía soñar con un calor eterno, en donde la crudeza del frío invernal no fuera más que recuerdos lejanos y borrosos de un pasado ingrato. Para la golondrina, el príncipe se había transformado en una extensión de ella  misma, podía conversarle de cualquier cosa sin el miedo de la burla o el agravio, podía ser sincera con él sin que saliera corriendo… sin que ella saliera corriendo. La golondrina pensaba que iba a tener al príncipe para siempre con ella, y eso la llenaba de alegría. El príncipe en cambio, creía que no tenía mucho que ofrecerle a la golondrina y nunca se atrevió a confesarle sus verdaderos sentimientos pues creía que si lo hacía, la iba a perder para siempre, sobretodo porque se acercaba el invierno.

La golondrina notó que el príncipe estaba cada vez más silencioso, pero nunca abandonaba su semblante, aunque podía ver que en su corazón la soledad que creía olvidada, volvía a adueñarse de antiguos terrenos. Le preguntó muchas veces al príncipe qué le ocurría, pero este, temeroso por el invierno cada vez más próximo, respondía que todo estaba bien. La golondrina lo sabía y se entristeció profundamente pues el príncipe no confiaba en ella.

Llegó el invierno, las escarchas cubrieron los pastos, la nieve las calles, el frío asolaba cada rincón. La golondrina decidió quedarse con el príncipe pues estaba decidida a acabar con su tristeza, aunque ella misma fuera la causa de eso. Sin embargo el príncipe le dijo que no, que ya no quería que ella estuviera a su lado, sabiendo que había tantos otros príncipes que necesitaban su compañía. La golondrina insistió, el príncipe siguió negándose, y la golondrina entendió que la única forma de ayudar al pobre príncipe era dejarlo solo.


Nunca he visto llorar al príncipe feliz, no creo que alguien lo haya hecho nunca, pero cada vez que lo veo, lo miro y me pregunto… ¿Será verdaderamente feliz?

martes, 21 de enero de 2014

Desaparecida

Es verdad, volví a desaparecer de cierta forma. Cerré el fb y no estoy revisando el wsp, pero por favor... no es nada personal con ninguno de ustedes... ok, quizá con alguien muy particular. De verdad siento las preocupaciones, pero ya ha pasado antes y no hay que preocuparse de nada, sólo necesito un tiempo para pensar, en redescubrirme, ver qué es lo que realmente quiero y cómo hacer para lograrlo. Me siento sola, lo expresé en la entrada de ayer... que borré. Estaba muy enojada y fue muy explicito todo... y aunque lo sienta, no significa que sea totalmente veraz. Fui un poco exagerada... por eso es que no me gusta hablar cuando tengo los sentimiento demasiado a flor de piel, ya sea alegría o tristeza, rabia... soledad.
No hay peor soledad que aquella que se siente cuando se esta rodeado de gente. Debe ser porque te quiero mucho y no sé bien cómo entenderte aún. O será sólo que me paso de tonta una vez más. No quiero pensar en eso.
No soy tampoco de las que alegan cuando estan deprimidas o se sienten mal, pero tiendo a aislarme, a "desaparecer" y se que es injusto para los amigos que en realidad me quieren y se preocupan por mi... pero por favor entiendan, necesito del de silencio de mi propia voz para escuchar mi alma.

Tampoco estoy contestando mucho el telefono, reviso continuamente el correo pero no estoy respondiendo elocuentemente. Estoy viva, y estoy mejor, sólo que hay muchas cosas que no entiendo y me gustaría entender. Mi cabeza se pone a razonar sola y salen mil teorías acerca de lo que pasa y ninguna tiene mucha validéz si es sólo una de las involucradas quien lo intenta descifrar. Quiero que estes aqui, y no solo por capricho... creo que te necesito... no se bien, no puedo afirmarlo con exactitud. Ya conoces mi tema con las distancias.

Un abrazo a todos... especialmente a casi todos los que leen esto. Si van a dejar sus comentarios, dejenlos con nombres. No como anonimo.