viernes, 12 de agosto de 2016

Los otros Matías: analogía de una historia lamentable.

A Narciso le gustaba que saliera a encontrarlo a la salida del metro. Decía que me extrañaba todo el día y que aunque fueran 10 minutos quería verme, aunque yo estuviera descansando después de una jornada larga, estudiando, comiendo o bañandome.
En una relación ambos tienen q ceder, pensaba, así que estaba bien postergar mis cosas para ir a verlo.

A Narciso le gustaba que le contestara siempre el teléfono o los mensajes, a toda hora, incluso cuando sabía que me angustiaba hablar por celular, que lo tenía en silencio, o que simplemente estaba en otra parte de la casa. Entonces insistía 5, 10 veces. A él si le gustaba escuchar mi voz a toda hora.

A Narciso le gustaba que lo fuera a buscar luego de su trabajo, incluso cuando no tenia una hora fija de salida y debiera esperar 1 hora de pie en la calle. Pero el laboraba todo el día y aún así quería estar conmigo.

Narciso decía que yo era bonita, y que él nunca escogía niñas que no fueran bonitas. Era afortunada porque él estaba conmigo.

Narciso me cuidaba mucho y siempre estaba pendiente de mi. Se fijaba en la ropa que usaba, y no tenía reparo en solicitar el cambio de polera, pantalón, falda, vestido si él no lo encontraba apropiado.

Narciso se enojaba conmigo cuando otro varón me miraba en la calle. Decía que por mi ropa y forma de caminar hacía que me vieran  a propósito.

Narciso se emputecia conmigo cuando otro hombre me tocaba estando el metro en horario punta. El me llevaba rodeada todo el tiempo, incomodando a todos y apretandome fuerte para que nadie me tocara.

Narciso odiaba que tuviera amigos, o que hablara con ellos... imposible querer salir con alguno.

Narciso era católico  FIEL practicante, UDI, "provida", abogado, esto último el unico sustento de su confianza y amor propio.

Narciso odiaba a mis perros.

Narciso, en el corto periodo que me llevo darme cuenta de esto, había cambiado la forma en que veía este tipo de conductas. No se si fue consciente o no. Sólo relato hechos.

Así como Matías Huerta, Narciso, Oscar, etc... hay muchos y en todas partes.
El maltrato no es sólo físico, ese es muy fácil de reconocer y colectivamente repudiable. Es el otro maltrato, la proyeccion de los miedos ajenos para validar su autoridad, el menoscabo de la sonrisa compañera, simple medio para establecer una jerarquía en una relación, no puede ser concebida como entes autónomos independientes que caminan a la par.
No es fácil asumir, no es fácil decir "es verdad, me está maltratando", no es fácil ponerle un alto... al fin y al cabo "aún no me pega"...

El amor propio no va por la protección física, la dignidad no es sinónimo de empoderamiento femenino.... el amor propio es decision y acción, es prevención y valentía.