Recostada sobre su estómago de frente al suelo alfombrado, como acostumbraba a pasar las horas de la tarde, miraba un mapa político del mundo en un atlas cuyo tamaño la sobrepasaba con creces y alevosía; miró con sus ojos grandes y profundos al Velasco que yacía taciturno de frente al computador.
- Tata..., qué es una frontera?, preguntó mirando hacia arriba.
- Son Límites entre los países chiquititita, respondió sin mirar.
- Y qué es un límite?, habló sin voltear la cabeza esta vez.
- Pues... Es algo que define la convergencia, continuidad y derivación mediante el cual...
-Entonces, dijo interrumpiendo evidentemente impaciente, una frontera es algo que alguien inventó pero que nadie entiende.
Y ante la vista anonadada del hombre frente a ella, que ahora sí la miraba, siguió mirando colores y capitales.
(-La estirpe de los ojos tristes-)