A veces, solo a veces, suelen ocurrir cosas
que pasan, paradójicamente, muy seguido; pero resulta que le pasa a alguien que
está al lado tuyo, alguien que conoces, de quién te sabes el nombre, el (los) apodo
(s), hasta el color favorito. Ese “alguien” tiene un rostro, y es un rostro tan
familiar, que incluso puedes verte a ti mismo reflejado en él. Bien, todo bien.
No pasa nada. Lo miras, vives algunas experiencias con él/ella, en mi país le
dicen “convivir”.
A veces, solo a veces, la convivencia da un
paso un poco más hacia adelante y ya no solo nos sabemos el color favorito; la
historia, la experiencia de vida de ese alguien, que resultó ser cercano, que
finalmente terminó siendo una extensión de uno, pasa a ser la historia y la
experiencia de vida propia. Supongo, y asumiendo el amplio riesgo de cometer
algún tipo de sesgo, que esta visión puedo no ser compartida o recibida con
gran aceptación, pero el blog es mío… no tienen muchas opciones.
La vida remece, más de lo que quisiera
(puedo hablar por mi), toca tan profundo que puedes sentir la fragilidad, la
debilidad, la pequeñez. Te haces hombre/mujer. Eres un ser finito. Y pensarlo
es chocante; interesante y curioso; pero es chocante. Tanto qué hacer, y tan
poco abasto de este cuerpo de barro. Que se quiebra, con más facilidad de lo
que se piensa/cree/quisiera. Es difícil, uno jura que no, pero no hay nada peor
que, que en lugar de uno, le pase algo malo a ese alguien que se ama. ¿Cuántas
veces no grité al cielo que me diera a mí tu cruz, cuántas veces lo volveré a
hacer?
Sé que no van a entender quienes no tengan
que entenderlo, sé que quienes entiendan saben que mi corazón está dispuesto
para ellos, cómo demostrarlo con más fuerza, con más convicción, quiero que no
les quepa duda de ello.
A veces, sólo a veces, da la casualidad que
me siento capaz de patear a quien se ponga por delante, y eso es lo máximo. Quiero
que tengas en ti la misma seguridad de hacer lo que crees correcto, aunque
duela, aunque te desgarre el alma, aunque no te deje respirar, porque la
tristeza que siente tu corazón, la humedad de esas mejillas, no es nada
comparada con la felicidad de saberse libre, incluso de lo que se creía querer.
No existe esa tal lluvia sin fin.
No
siempre lo que se quiere es lo que se necesita.
Para terminar esta parte y a modo de
recordatorio para mí misma. La vida es esta, no hay otra, y tú vas a tener que
decidir cómo te la quieres pasar, mirando o haciendo, riendo o viendo cómo los
otros se ríen. No hay nada más insustancial que el futuro, nada más etéreo… ¿vas
a conformarte con eso?
A veces, pero sólo a veces, pienso en ti, en los pocos
momentos. En cómo se aceleraba mi corazón solo con ver tu nombre escrito, era
la tanta la emoción, que no me atrevía a pronunciarlo. Recuerdo tus ojos, y tus
manos fijos en mí, recuerdo tus lágrimas… las mías. A veces pienso en lo que
quise que fuera pero no fue, quizás faltó decisión. A veces, solo a veces te
extraño, y quisiera que estuvieras aquí, para mirarte desde abajo, como esa
tarde, en el parque aquel.
Esto está dedicado a mucha gente, nada está escrito al azar, y las personas en las que me inspiré lo notarán... incluso tú si llegaras a leerlo.