“Come esta manzana, mi niña, come…” Bruja
malvada
Lado A
No existía prenda en el mundo que pudiera
quedarle mal. Tenía el desplante, el cuerpo, las facies… la percha, como se
diría en vulgar castellano/chileno/shileno/tsileno. Donde quiera que fuera era,
sin dudas, la mejor vestida. Cualquier temporada, en toda ocasión. Ella era… la
It girl.
Comentarios tales como “qué linda”, “qué
guapa te ves hoy”, “¿Qué haces para estar cada día más bonita?” eran frecuentes
para ella, quien se los tomaba con calma sin caer en la vanidad de quien se
sabe deseada.
Bajo la consigna “Siempre he sido así” vivía tranquila, sonriente, con una templanza envidiable; al menos eso era lo que mostraban los espejos.
Bajo la consigna “Siempre he sido así” vivía tranquila, sonriente, con una templanza envidiable; al menos eso era lo que mostraban los espejos.
Lado B
A veces pienso que no es para tanto, que en
verdad son sólo rollos míos, que la gente no se da cuenta de lo que en realidad
pasa, lo que en realidad me pasa.
Hay días en que es más fuerte que en otros, hay días en que se me olvida, pero en cuanto mis dientes entran en contacto lo recuerdo. Ese casi placentero ardor en el estómago, me dice que lo estoy haciendo bien, que todo el esfuerzo que he hecho está valiendo la pena; me abrazo la cintura para confirmarlo, aún falta.
Hay días en que es más fuerte que en otros, hay días en que se me olvida, pero en cuanto mis dientes entran en contacto lo recuerdo. Ese casi placentero ardor en el estómago, me dice que lo estoy haciendo bien, que todo el esfuerzo que he hecho está valiendo la pena; me abrazo la cintura para confirmarlo, aún falta.
Me miro de perfil en los espejos, pero no
precisamente para apreciar mi nariz, esa que dicen que es bonita, pero a mí no
me gusta. Me ajusto la ropa por detrás… debe ser el espejo que tiene aumento.
¿Cuánto tiempo más tendré que resistir las
ansias, la angustia… el hambre? ¡Cuánto falta!
Hay que reconocer una cosa, tener todo el
día ganas de comer definitivamente no es lo peor, la desesperación de no poder
saciar las ganas no es lo peor. Lo peor es la culpa; la culpa de caer en la “tentación”,
de saber que no puedes, y no ser lo suficientemente fuerte; valiente como para
resistir. Caigo y lloro, lloro mucho, porque el esfuerzo de semanas se pierde,
y así pasa el tiempo… y así sigue pasando.
¿Por cuánto? No sé. Llevo 13 años y esto no
termina todavía.
Cuando nos vemos, voy nerviosa a nuestro
encuentro, voy con las ganas de verte, con las ganas que me veas y esta vez sí
te des cuenta. Pero las horas transcurren sin piedad y te vas… sin una palabra,
y vuelvo a preguntarme ¿Para qué?
Yo sé que no vas a entenderme, porque ni si
quiera yo entiendo esto. Sólo sé que es más fuerte que yo, que aunque trate de
despertar del sueño, hace falta algo más que el mágico beso del príncipe, de mi
príncipe para sacarme de este infierno.
No es a Rapunzel, ni a Blancanieves a quien mi corazón habla, sino a la verdadera princesa que hay en ti. Puede ser que esa princesa trate de reflejarse en otros estereotipos, o quizás ve su vida en gotitas intentando juntarlas todas para formar la suya.
ResponderEliminarAlgunas son esperanzadoras como Rapunzel, y otras son tristes como Blancanieves. Yo veo a otra princesa, a una princesa que si espera ser rescatada, pero que en la realidad ha sido a mi a quien ha rescatado.
Pase por fuera de esa torre, sin esperar encontrar algo que fuera significante para mi vida… me equivoque. Pensé en salvar a esa princesa, pero no era digno. Quise bajarla de la torre y que se sintiera segura, que aquí abajo podría contenerla, apoyarla y amarla. No tuve la dicha , las herramientas, ni la aprobación de Dios para en su cabello trepar hasta su corazón. Pero trepe en contra de lo que era inminente, de la realidad que estaba en frente de mi, y del destino que me gritaba que no lo hiciera. En esa torre armoniosa, llena de fotografías, recuerdos y anhelos de un mundo mejor, mi corazón no tenia lugar. Solo existía un pequeño espacio, en un anaquel junto a tantos corazones, iguales en dignidad, pero solo era un pequeño rincón.
He decidido quedarme en ese rincón, como un juguete antiguo en el cuarto de un hombre que va creciendo, esperando y anhelando que vuelva a ser niño, para que lo mire con otros ojos, en la nostalgia de tiempos pasados.
Desde ese rincón observare, te veré crecer, e incomprensible mente para muchos deseare que llegue un príncipe que te rescate, te saque de esa torre y puedas viajar a terrenos mejores, a lugares mágicos que en silencio he construido para ti, aunque nunca los conozcas de mi mano. Quedaremos entonces en ese rincón, los abrazos y besos que nunca te di…
No te he visto, al menos no con mis ojos, sino con un sentimiento que trasciende, pero puedo por acá, desde este rincón del cuarto, verte sentada en la ventana de la torre esperando. Puedo simplemente desde este rincón entregarte mi corazón, aunque no lo veas, no lo quieras, y no lo necesites.
Encontré a Blancanieves en sus sueños. Estaba hermosa, melodiosamente viviendo, pero durmiendo, esperando que un príncipe con un mágico beso, la despertara de su infierno. Desee ser yo, anhele besarla, pero si mi beso no era eso mágico que ella esperaba, entonces quizás yo me iría a ese “infierno”.
Debí dar media vuelta y continuar cabalgando, pero por unos segundos me quede contemplándola. Me perdí en la belleza, en la conjetura de que sus labios perfectos tocaran los míos, en la improbabilidad de que mis besos inundaran su corazón.
Di vueltas al cuarto intentando resolver este conflicto, pero poco pensaba, cuando mis ojos involuntariamente se vencían en su beldad, en la irracionalidad de que existiese criatura tan bella. Creí que nada era real, que lo que delante mío se expresaba, era solo reflejo de su interior. ¿Pero como era eso posible? ¿Ver el interior de Blancanieves que dormía?. Si por fuera la magia y la majestuosidad de la creación de Dios estaban en su mas gloriosa expresión, en su interior reinaba toda incomprensión humana. Mi mente no lo percibía, pero mi corazón, sonriendo y lleno, lo descubría en su esplendor.
No la bese… no te bese. ¿Cómo mis labios mancharían la gracia de los suyos?. Pero de mi interior nació algo mas noble y puro: un beso que tierna e incondicionalmente he dejado en tu pecho.