sábado, 1 de marzo de 2014

Federico y yo

A Federico, o Fede (los amigos tenemos costumbres extrañas de repente), lo conozco desde hace tiempo, menos del que quisiera en todo caso, pero nadie le dice así… a todos les gusta decirle por el apellido. Desde que era pequeña, lo miraba distante hacia el living de la casa de mi abuela, que era donde solía pasar las cálidas tardes de verano, en compañía de otros menos dignos de mi generosa atención en ese entonces.

El Fede tocaba el piano, pero siempre que lo hacía, me aburría mucho, no me sabía ninguna de sus canciones.

Un día, estaba triste, y me dí cuenta que él también lo estaba; entonces empecé a verlo menos como invitado y más como cómplice, teníamos más en común de lo que habíamos pensado. Empezamos a conversar, aunque sus únicas palabras siempre fueran notas, suaves y deliciosas notas, que tocaba sólo para mí. Fede sabía cómo hacerme sentir mejor cuando estaba deprimida, cuando me dolía el corazón, cuando amenaza con explotar de la rabia, podía calmarme en un instante. Y yo a cambio… yo a cambio verbalizaba cada compás, haciendo juego con sus tempos.


Hoy Federico está de cumpleaños, y hemos vuelto a conversar un rato, había mucho que comentar. Esto fue lo que me respondió… 




Con mucho cariño para Andrés y Rocío, amigos entrañables.

1 comentario:

  1. eres máxima... de todo lo que escribes salen maravillas, y logras poner los sentimientos ahí, a la vista, y a la vez lograr que nadie los vea, sólo los que saben ver... te adoro, amiga, con el alma!

    ResponderEliminar