lunes, 19 de enero de 2009
Cigarrillos
Sin embargo, cuando quiero abrazarte, te escondes, y tu imagen se torna bizarra por las lágrimas en mis ojos.María, Diosa y autora de mi historia, podré afrontar nuevamente tu mirada fecunda en implorar tu perdón?Todos los días hago lo mismo desde que ella ya no está.Me levanto, doy de comer al gato, me aseo, salgo. Saludo a Tomás el de la tienda de revistas, paso al bar de Manuel, y siempre, siempre, me tomo un wiski doble. Así, me doy la vuelta a la manzana para recoger ideas frescas que sirvan de afluente, en una de mis tantas novelas inconclusas.En mi bolsillo, pasajero frecuente son mis cigarrillos, antiguo vicio que retorno con la depresión. En mi alcoba, sobre una mesita arrinconada, una máquina e escribir, mi mas fiel confidente, quien me ayuda a escribir esta historia.Alrededor todo es un desastre. Hojas, repletas de versos bastardos a mi amada, vuelan con la corriente que se forma al abrir la puerta de entrada. Que suerte que no ocurra muy seguido. El abrir la puerta.He abierto la ventana, el humo del cigarro está intoxicando al gato, y la vecina de arriba ya me ha venido a golpear la puerta de un modo bastante descortés.- Ahora, me dije, estamos solos tu, yo, y el recuerdo de maría, que sin ella no podría contar lo que aquí acontece.
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