viernes, 3 de abril de 2009

Capitulo XV: Adiós al recuerdo de María

De pronto, todo careció de sentido, se me volvió negro, opaco. Todo Murió de un segundo para el otro.

Tras cerrar la puerta de su habitación en el hospital ¿Qué había de sentir sino desesperación y hiel en el alma? ¿Qué iba a hacer sino llorar como un desgraciado?

Incluso la muerte no había sido suficiente para ella. Ni siquiera eso.

¿Qué hacer ahora? El suicidio era tan eficaz como esperar un par de días. El resultado es el mismo. El mismo y definitivo.

Hace ya una semana, no más, no menos que me fui de esa ciudad aquella. Las palabras de María fueron claras, desgarradoras y eternas como el paso de un cincel por la piedra.

-“NO QUIERO VOLVER A VERTE... TE ODIO”.

No es cierto, soy yo quien no quiere volver a verla, soy yo quien debería odiarla y guardarle rencor. Ir, volver y sacarle en cara todo lo que por ella hice y lo poco que recibí a cambio.

Pero… ¿Hay fundamentos para ello? ¿Es realmente válido mi odio, si es que no es otra cosa?

De forma alguna esto no fue más que un “PROBLEMA” para ella, un problema que se lo guardó por miedo a mi reacción. ¿Eso le provoqué? ¿Era miedo lo que le inspiré, tanto temor le daba decirme la verdad a la cara? .Siento como si hubiese sido un experimento para ella…” Vamos a ver, hasta que punto este idiota me llega a amar”.

Puede ser. Puede no ser.

El tiempo y la distancia harán el resto, terminaran lo que nunca debió haber empezado, pero…

Hasta esta altura en mi vida no he logrado una manera para deshacer la marca imborrable de los recuerdos. La angustia añoranza por lo que nuca fue, desgastan lo que queda de mí.

Que daría por regresar el tiempo y tener la ultima oportunidad de sacarle los labios con sólo un beso; ardiente y fugaz. Qué daría.

La Brisa que corre y entra por la ventana aún me trae el aroma; el efluvio; la esencia de María. He decidido cerrarla y sumirme en el humo de tabaco. Si la vecina vuelve a reclamar por el olor, fingiré que he muerto.

Desde que llegué aquí he recibido la visita de Victoria y de Marx, que a pesar de todo han tenido el valor para decirme lo que realmente pasó. Y yo, por fin tuve el valor para contarles todo, TODO lo que ocurrió con la mujer aquella. Su nombre he decidido no volver a mencionarlo ya que me deja un sabor amargo en los labios.

- Ella nunca quiso crearte ilusiones, dijo victoria un día. – Por lo menos eso- pretendió.

No puedo hacer otra cosa en este momento que esbozar una irónica sonrisa, y decirme “QUÉ IDIOTA FUI”, que fácil me dejé engañar.

Creo que el empezar a odiarla es el método más fácil de olvidarla, pero… no puedo. Ella es mi debilidad.

Un universo sin María es lo que desde hoy empezare a construir, un mundo corto, de apenas unos días. Eso espero. Si ella pudo superarlo, ¿Por qué yo no he de dejarlo todo atrás?

Los mareos ya no son frecuentes, es un estado crónico. No puedo estar sino postrado. No por la limitación de algún miembro, sino porque ya no me quedan fuerzas, más que para vomitar todo lo que Lewis trata de meterme a la boca. A pesar de todo esto, la muerte no llega, y hasta que esto pase, lamentablemente para mí, seguiré, y casi en contra de mi voluntad, amando a aquella.

De vez en cuando Victoria me trae noticias sobre ella, pero todas resultan estacas a mi despedazado corazón gracias a su “particular” sutileza para contar este tipo de cosas.

En fin. El loco aquí soy yo.

El gato Bernabé ha desaparecido, creo que en este mundo ya no está. La muerte llegó para él, me pregunto por que aún no para mí, o es que en uno de sus egoístas intentos María ha decidido pactar con la Parca para que no me lleve?

¿Qué estupideces digo? No puedo odiarla, es imposible.

He tenido que abrir la ventana, las hojas de estas memorias deben tener el aroma de mi amada, no la de mis cigarrillos. Sin embargo llueve, llueve sobre esa luna morena, como la piel de María, inmaculadamente bella.

Le escribí una carta pero nunca se la entregaré. Se la pasé a Victoria para que la leyera y me diera su opinión. Al principio me dijo que era un tanto injusto, pero una vez que escuchó mi versión de los hechos, insistió en que debía ponerle eso y más.

¿Cuánta agua deberá correr bajo el puente para olvidarla?¿Cuántas estrellas deberán morir para entonces?

Hoy, por la mañana vino Victoria. Me contó que María ya se había enterado completamente que yo había sido su salvador, que por fin había entendido el sacrificio que por ella hice. Quería que volviera, que sus sentimientos realmente eran verdaderos, incluso llegó a decir que me amaba.

-¿Pierre?,¿ves?, en realidad sí te quiere , dijo Victoria con una notoria esperanza en la voz.

-Ya lo había dicho antes, y resultó mentira, ¿Por qué he de creerle esta vez?¿ Por qué ha de ser diferente?

Todo estaba mejor así. María como bien había dicho en esa sala del hospital, estaba encaprichada, porque nadie la había tratado así antes, era algo como su juguete nuevo. Juguete que no dudó en romper. No, yo no me merecía seguir sufriendo por alguien como ella, aunque bien sabía que lo haría hasta el punto de mi expiración.

“Camino sin retorno”, ese podría ser un buen título para estas memorias, quizás, ese debiera ser. Ahora que me detengo a pensarlo mejor, el título de una obra debe tener o guardar relación con la misma, y como esta es una copia fiel de los últimos días de mi vida, debiera relacionarse con esta.

“Espera, aún no termino de amarte”.

Ese, ese es. De esta manera, quien leyera estos fragmentos puede optar libremente ponerse de uno de los dos bandos si es que le parece y desea. Si es el mío, gracias de antemano, si es el de María, por favor, venga y cuénteme por qué hizo lo que aquí acontece.

Las fuerzas ya me empiezan a flaquear más y más con cada tecla que presiono. La muerte está detrás, sobre mi cama, esperando para que durmamos juntos. Pero yo no he terminado de declamar mi afición por las causas perdidas.

Seguiré amando María desde el infierno, y la cuidaré por la eternidad completa , seguiré llorando sus penas, y también por sus alegrías.

Desfallezco…

Pero… Aún así moribundo y terco, espero en el deseo del que agoniza, que cuando me encuentre dentro de ese cajón oscuro, limitado por cuatro paredes frías, rígidas, eternas e infinitas, sea María quien, cual Beatriz a su amado Dante, con un dulce beso me cierre las puertas del infierno para fundirnos juntos en la inmensidad de nuestro cielo estrellado.

1 comentario:

  1. Cëh, disculpame por haberlo subido un tanto tarde, esq me qedé dormida porq estaba muy cansada T.T y si me equivoqué en alguna parte tmbn disculpame esq despues me empezó a doler una muela y me tomé un remdio que me dejó media atolondradaXDD

    Te quiero, gracias por ser mi amiga n.n

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