sábado, 15 de mayo de 2010

Frio


Desde mi ventana, hacia la silenciosa calle, lo vi salir presuroso cubierto por un sobretodo grueso, que únicamente dejaba a la vista su pálida nariz. Los faroles eran burla de los dioses, pues la tormenta que transcurría había cortado la luz, y toda la calle estaba a oscuras.
La lluvia hacía la visibilidad casi nula, pero dicen que a los ojos del corazón lo esencial deja de ser invisible.

Lloraba.
Podía distinguir sus cristalinas lágrimas de la insolente lluvia que osaba tocarle el rostro, esos labios con lo que soñaba cada noche. ¿Qué estaría angustiando su corazón?

Bajé, las escaleras sin más que mi vestido de dormir encima. No podía dejar que vagara sólo por la noche, algo podía pasarle. Y si ocurría, mi corazón no podría soportarlo, o acaso ¿no sabes lo que sufre un alma enamorada en secreto?

La lluvia me calaba hasta los huesos, no llevaba encima ni sandalias, pero él caminaba rápido, y me costaba seguirle el paso.

Lo amaba desde hacía tanto tiempo, estaría dispuesta a dar la vida y más por él, aunque no sabe que cada noche mis pensamientos son de él.

Su aura gritaba desesperación, algo perturbador era dueño de él, estaría sufriendo.

Miré hacia adelante, pero lo único que alcancé a ver era e puente, una estructura vieja conocida como el puente consolador, pues aquellos presas de sus problemas iban a ese lugar y…

No. Él no podía estar pensando en eso.

Corrí por un callejón para adelantar camino y así poder interceptar su accionar.

Qué estaba dispuesta a hacer por amor. Hasta donde llegaría por quien ni un saludo me había dirigido jamás.

Cuando iba doblando una esquina, encontré a un hombre con una capa que le cubría el rostro. Parecía estar esperando a alguien. Llevaba una pistola en la mano.
Él apresuró el paso, tomó impulso para saltar hacia abajo y así terminar con su amargura, cuando yo salté de mi escondite para impedir el deceso de mi amor.

Un dolor agudo comencé a sentir en las costillas, mientras caía al suelo mojado.
Mi amado no quería saltar para acabar con sus penas, si no para escapar de la angustia de ver a su amada presa de un matrimonio desconsolador, y aquel hombre con el arma en la mano, esposo de la amante de mi sueño imposible, habiendo descubierto el idilio, había decidido acabar con el hombre culpable de su humillación.

Yo ahí, en medio de una calle oscura y nauseabunda, moría.
¿Hasta dónde podía llegar por amor?... la pregunta estaba resuelta…



Hasta la muerte.





Sé que he cometido errores, y créeme que me arrepiento de cada decisión que tomo, pero jamás me hecho para atrás. No me dejes sola, yo no lo hare contigo



Dedicado a Philip “aladin” cuadra, parry, primi, Daniel (q no le gusta lo que escribo), y a Dante… por despertarme con sus dulces ironías hoy.

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